Canción del arpista de la tumba de Intef
Unas generaciones pasan,
mientras otras quedan, desde el tiempo de los antepasados.
Los dioses de otrora descansan en sus pirámides,
y también los nobles e ilustres enterrados en sus pirámides.
Los que se construyeron moradas, sus estancias no existen más;
¿qué se ha hecho de ellas?
Yo he escuchado las palabras de Imhotep y de Dedefhor
cuyas sentencias se repiten siempre por doquier;
¿qué se ha hecho de sus estancias?
Sus muros están destruidos, sus moradas no están más,
¡ como si nunca hubieran existido!
Porque nadie vuelve de allí, para que nos cuente como lo pasan;
para que nos diga de su suerte; para que contente nuestro corazón,
hasta que partamos al lugar adonde ellos han ido.
Fortifica tu corazón, para que olvide, que algún día serás un espíritu.
Sigue tu corazón mientras vives;
Pon mirra en tu cabeza; vístete de telas finas;
úngete con las genuinas maravillas de las cosas divinas;
Multiplica tu bien; y no desfallezca tu corazón;
sigue tu deseo y provéete del bien;
realiza tus cosas en tierra y no angusties tu corazón,
hasta que te llegue el día de la lamentación.
El de Corazón Inerte (*) no escucha el clamor, de los hombres.
y las lágrimas no salvan a nadie del mundo inferior.
Pasa el día alegre y no te canses
Porque mira, nadie se lleva los bienes al partir;
mira, nadie que se hava ido, vuelve de allí.
(*) Designación de Osiris y por ende de todo muerto. Desde el Imperio Medio todo hombre, por la muerte, alcanzaba la condición de Osiris.
del libro "LAS IDEAS MORALES EN EL ANTIGUO EGIPTO", por A. Rosenvasser.